04-10-12. Ciudad de 10.000 habitantes, destaca una zona costera muy
turística con venta de ropa de playa, artesanías y restaurants. Entre ésta y el
río, de increíble verde manglar, hay una franja de hoteles y paseos.
Dormimos frente al manglar, que nos recuerda el bosque cordillerano en
Chubut, entre los grandes lagos y la montaña.
Tanto oír salsa y rumba, nos acicalamos y vamos a tomar algo luego de la
cena. Entramos a un lindo bar en la playa, piso de arena y agradables muebles
de madera pero, amargamente descubrimos que era ¡noche de karaoke! Suplicio:
una familia se adueñó del micrófono y castigó todos los oídos disponibles por
demasiado tiempo. Cuando nos vamos, el mozo nos mira con lágrimas en los ojos,
triste, ya que él debía seguir trabajando y no podía escapar, como nosotros. La familia seguía cantando con el
mismo desentone y entusiasmo del inicio.
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| Manuel construye los muebles de su bar con mangle rojo |
Fuimos a la playa, a pesar de que casi todo el tiempo seguía nublado, la
pasamos muy bien. Charlamos con un haitiano que sabía un montón de fútbol
argentino y, como tantos que nos cruzamos, desean visitar nuestro país. Luego
con una pareja de colombianos súper agradables, Carlos y Adriana. Nos dieron
datos e información sobre Colombia. Ellos, para viajar, están trabajando para
una cadena de hoteles, lo que les permite conocer Ecuador, piensan luego ir a
Perú y Panamá.
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| El amigo haitiano tratando de vender paseos en barco |









