Bienvenida

¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


30 abr 2013

Recorrido por Venezuela



Fueron 64 días y 6.114 kilómetros

Esta vez el mapa fue regalado.

Frontera Venezuela-Brasil

¡Chau cachapas!
08-04-13. Llegamos a la frontera temerosos acerca del tiempo que podría llegar a tardar hacer los trámites del lado venezolano, teniendo en cuenta nuestra experiencia al entrar al país, hace más de dos meses.

Para colmo, era la tarde, y, una vez más, contradecíamos la consideración de la conveniencia de hacer los trámites migratorios a primera hora de la mañana. Como no nos interesaba estar una noche más en Santa Elena de Uairén, allí nos dirigimos.

Estacionamos y sale un militar a decirnos que esa era zona restringida, teníamos que aparcar enfrente, “empezamos mal” pensamos.

Entramos a las modernas dependencias para dar la salida del vehículo, allí encontramos dos personas conversando despreocupadamente en una oficina. Le preguntamos sobre nuestro trámite y nos dicen “busquen a Randy”, señalando otras oficinas más hacia el interior del edificio.

Ingresamos a esas dependencias y encontramos bonitas ventanas vidriadas listas para atender mucha gente. Gente: una, empleados: ninguno.

Le preguntamos a la señorita que estaba esperando si ella también esperaba por Randy, “Randy debe estar ahí”, dijo con evidente mal humor de quien está esperando por bastante tiempo, mientras señalaba un poster de Isla Margarita con una atestada playa. Reímos y nos pusimos serios a la vez. “¿Dónde está Randy?”.

Justo llega una empleada, le comentamos nuestra inquietud y, milagrosamente, aparece Randy.

Randyponeunselloenelpasaporte,firmaynosenvíaaotraoficinaparanuestroegresodel país.
Vamosaesaoficina,unaseñoritasellalospasaportesanotaamanoenuncuadernodeactasynosdice:”buenviaje!”.

En 15 minutos habíamos salido de Venezuela! Así es este país, siempre sorprende.


Cruzamos a Brasil, en la Policía Federal pasamos más tiempo hablando de las maravillas geográficas que haciendo trámites, vamos luego por el vehículo y la empleada nos dice que por el Mercosur no hay que hacer trámite alguno. Nos vamos y decimos: “¡no puede ser!”

Reingresamos al edificio y le decimos en nuestro portugués de academia: “motorhome, carro-casa, no moto”, pensando que tal vez ella creía que andábamos en moto (como nos ocurrió muchas veces). Nos mira con cara de: tengo cosas más importantes que hacer y nos repite lo mismo. Derrotados, salimos de la oficina sin más papeles ni sellos…

¡Nuevamente en Brasil!

El Paují



06 y 07-04-13. Parece un pueblito anodino, con su bodega, su borrachín y sus madres casi adolescentes charlando mientras sus pequeños hijos juegan en derredor pero, con un poco más de detenimiento, se comienzan a observar sutiles relaciones de poder, “terapias” a las que algunos se someten, extraños jardines de Rapaccini.

Los pájaros son amigables, también los canes, más hoscos sus habitantes, aunque no rehúyen al saludo nunca, ni los adolescentes. Pero siempre es posible encontrar algo en sus miradas, en algún gesto no concretado…


Unos caminan reconcentrados en sus cuestiones, otros parecen tener todo el tiempo a disposición.

Hay también un misterioso aeropuerto en la tierra roja. Recuerdo ahora que hubo mucha policía en los pocos km de la ciudad hasta aquí y todos revisaron el vehículo y nos preguntaban si teníamos parientes en la zona, ¿por qué? Supuestamente es un sitio turístico…

La construcción que funciona de iglesia, muy pequeña y azul, no se visita ni se repara hace bastante. Hay imágenes religiosas caídas, dos inmensas rajaduras en el piso que parecen querer derrumbar los muros laterales. Mi imaginación no alcanza para pergeñar que oscura ceremonia pudo haberlos producido.

Posee dos lamparitas al frente, una quemada, la otra encendida mientras haya energía eléctrica en el poblado. De 11.00 AM a 11.00PM cada día.

Aunque, avisan, en vez de las 11.00 puede comenzar a las 11.45 o 12.00 o más tarde.

El viernes a la noche, llamativamente, no hubo música ensordecedora frente a la bodega-bar, ni no ensordecedora. Por las risas planas, siempre iguales, debe haber habido marihuana. 

Todo muy tranquilo.

Noches maravillosas, plenas de estrellas, ¡lástima los incansables puri puri y las moscas!

Luego de encontrar los consabidos argentinos ( en todas partes hay argentinos), una pareja que viaja en un Citroen y otra que tiene un circo con su compañero, subimos hasta El Abismo (subir al abismo, parece una contradicción).


El Abismo nos atrajo por los comentarios que recibimos de este accidente geográfico y, por supuesto, por las múltiples resonancias del nombre. Nombre, ahora que lo pienso, que los extraños habitantes del pueblo no pueden no reconocer.



















En realidad creo que lo reconocen hasta en sus más escabrosas acepciones…

Estuvimos dos días en un camping auto service, es decir tenemos que preguntar por todo o ir adivinando: “¿porqué no hay electricidad?”, “¿dónde se puede lavar ropa?”. Tal vez esa sea la fachada. Una vecina luego nos cuenta una infidencia: allí se hacen “congresos”.


Mañana nos vamos y un habitante se “filtra” para que la llevemos a Santa Elena de Uairén…tal vez quiere saber hasta dónde comprendimos sus secretos.

Otros habitantes de la Gran Sabana


A determinadas horas del día, los Puri Puri, toman protagonismo en la región. 

Lamentablemente uno se da cuenta de su presencia cuando ya es demasiado tarde.

¡Su picadura provoca una reacción de picazón que dura varios días!


¡Otros habitantes también pueden hacen de las suyas!

27 abr 2013

Música Pemón - Kanaimä I

Enriquecedor canto Pemón, interpretado por indígenas de La Gran Sabana.

http://www.youtube.com/watch?v=jaVGPEWLZi0

Viviendo la Gran Sabana




Al recorrer el Parque Nacional Canaima, uno se va encontrando con los nombres de los sitios en lengua Pemón: Pueblo de Kavanayén, Aldea Iboribó, Salto Aponguao, Rápidos de Kamoirán, Salto Kawí, Roraima-tepui, Auyan-tepui, entre otros.

Y así, uno siente que estos indígenas son los habitantes del lugar desde siempre, custodios de estas tierras.

6.30 hs, las actividades van comenzando.

El tiempo se detiene en estas formaciones precámbricas, y la vida transcurre con otros parámetros.


Será por eso que, luego de tres días y recorrer 150 kilómetros para saludar a nuestra hija Lorena en el día de su cumpleaños, igual no logramos hacerlo.

Tuvimos que esperar y respetar esa realidad. Aceptamos tener que disfrutar nuestra felicidad sin poder decírselo hoy, aunque con la energía vibrando en nuestros corazones. ¡Feliz cumpleaños Lore!

Será por eso también, que el Salto Kawí, nos atrapó con sus dos pequeñas cascadas conformadas por rocas de jaspe rojo, y pudimos conocer a Zoraída, una psicóloga que está trabajando como maestra voluntaria, y viviendo con la familia Pemón que habita y administra estas cascadas.

Con Zoraida.

Y a Georgina, la niña Pemón de cinco años que, espontáneamente nos acompañó en un recorrido mientras nos contaba cosas de su lugar y su cultura.

Georgina.

Será por eso también, que nos fuimos con la necesidad de volver.

26 abr 2013

La Gran Sabana


02-04-13. Como el Delta del Orinoco, éste es también un lugar pleno de fascinación, cuyo nombre, como el de Patagonia, es una etiqueta que alude a muchas cosas existentes y a muchas que se forman como anhelo, sueño, atracción para quien la nombra.

Después de hacer noche en la Comisaría de “Km 88”, donde nos reciben cordialmente, nos levantamos temprano y, sin más, nos dirigimos solícitamente a La Escalera, un tramo en que la carretera asciende abruptamente y para depositarnos en el famoso escenario natural.

Dejamos el pueblo sin dejar de pasar antes por otros cuantos pozos de agua maloliente, tal como a la entrada, y vemos la estación de servicio con largas colas con autos y camiones esperando cargar combustible. Como lo venimos observando en los últimos sitios de esta ruta, hay personal de la Guardia Nacional custodiando y ordenando las filas. Por suerte tenemos suficiente combustible y no necesitamos detenernos.

Ascendemos La Escalera. Sólo consideramos de importancia un par de curvas llamativas en subida (dicho esto luego de la experiencia que hemos adquirido en el viaje en esto de subir y bajar cerros y montañas), y pasamos rápidamente por el Peñasco de la Virgen (o lo que algunas personas dicen ver en la roca). Según parece atrás de esta formación están Brasil y Guyana, esta vez no iremos allá. Nos han dicho que es zona controlada por los contrabandistas de oro y diamantes, muy, muy peligrosa.

De golpe, después de una curva, somos depositados mágicamente en una extensión inmensa de tierra y cielo. Tierra plana o levemente ondulada, verde, plácida, con un cielo celeste intenso con nubes muy próximas que parecían estar al alcance de la mano.



Esta sensación de tener el cielo “ahí nomás” nos acompañó todo el viaje en la Gran Sabana, es algo parecido a lo que se experimenta en Patagonia, otra distancia entre cielo y tierra, otra relación con lo infinito o, la oscura sensación de lo que el hombre puede llegar a percibir como infinito.


Recorrimos varias cascadas que se encuentran al costado de la carretera. Para llegar a otras hay que alejarse del camino, pero su condición no las hacían asequibles a nuestro vehículo.


Algunas cascadas son muy altas, otras bastante bajas, pero cada una tiene su particularidad, desde las tranquilas e “introspectivas” de Kawi, a las hermosas de Kamá.  La Quebrada de Jaspe con sus colores profundos, que provienen del centro de la tierra, el Salto Yuruaní, con su importante altura.



















Siempre, alzando la vista, algún tepui se veía, presencia atemporal, que calmaba y daba justa proporción a todo lo que estábamos viendo y viviendo.

Ésta es una de las formaciones geológicas más antiguas del planeta, sino la más y, tal vez, aún sin saberlo concientemente, de algún modo el espíritu lo capta, lo percibe.


25 abr 2013

Upata. Pedro y su corazón mitad argentino.


31-03-13. Es un hecho que la cantidad de tiempo no hace a la profundidad de las relaciones. En este viaje lo comprobamos en varias oportunidades, y aquí, una vez más.

Llegamos a Upata a eso de las 17 hs. Solicitamos permiso para estacionar al costado de la Estación Policial y cruzamos al comercio de enfrente para comprar agua mineral. Allí conocimos a Pedro, un venezolano más argentino que muchos otros.

En principio nos sorprendió su amabilidad de darnos, sin haberle pagado, un bidón de 20 litros de agua mineral para que lo vaciemos en los nuestros más pequeños. Al volver al local para devolverle el envase y abonarle el contenido, lo encontramos tomando mate, y orgulloso, nos muestra una inmensa y hermosa bandera argentina.




Más tarde nos contó que desde los nueve años va a ver a nuestra selección de fútbol cuando juega en Venezuela, se declaró hincha de Boca Juniors, nos hizo escuchar las distintas versiones que tiene grabadas del himno argentino y con mucho sentimiento cantó la interpretada por Jairo.

La agradable charla continuó durante la cena, que compartimos en una excelente pizzería del lugar y prolongamos en nuestra casita con chocolate y whisky de postre. Por sus actividades profesionales y compromiso político, nos dio un panorama interesante y distinto de los que veníamos escuchando sobre este país.


Ciudad Guayana


Esta joven ciudad fue fundada oficialmente en 1961 para que se convirtiera en el centro industrial de la región. Está conformada por las ciudades de San Felix y Puerto Ordáz. Actualmente posee alrededor de un millón de habitantes.

Pueden visitarse lugares históricos, obras de ingeniería actuales y admirar los fantásticos ríos Caroní y Orinoco.

El primer día recorrimos Los Castillos de Guayana.



















Visitamos el hermoso Parque de la Llovizna, al que llega gente desde las 4,30 hs de la mañana para hacer deportes.




Observamos la confluencia de los ríos Orinoco y Caroní, cuyas corrientes de aguas “blancas” y “ negras” respectivamente se mantienen diferenciadas durante aproximadamente 10 kilómetros, una vez que ambos se encuentran.



Ecomuseo del Caroní, visitamos sus cinco salas y la Plaza del Agua. Allí nos pudimos hacer una idea de la Central Hidroeléctrica Managua II.


Hicimos 83 kilómetros para conocer la Central Hidroeléctrica Simón Bolivar (antes llamada Raúl Leoni). ¿Adivinan quién le cambió el nombre?

Obra cinética del artista Carlos Cruz Diez en la Casa de Máquinas I y II..


















Son tantas las pequeñas anécdotas que tenemos para contar de estos días que necesitaríamos muchos renglones para relatarlas. Así que para evitar aburrir a nuestros lectores, las dejamos para otra oportunidad.

Lavamos ropa y nos bañamos en el Río Caroní.

22 abr 2013

Delta del Orinoco

26-03-13. Hoy se cumple un año desde que salimos de casa. Estamos felices de estar haciendo este viaje que tiene mucho de lo que imaginábamos y tanto más que se diferencia de nuestras fantasías iniciales. Reflexionamos … ¿Podremos adaptarnos a la vida sedentaria otra vez?
Conocer el Delta del Orinoco fue un anhelo que se formó hace muchos años. Tal vez en la escuela primaria, cuando estudiábamos geografía americana, tal vez leyendo sobre los pueblos originarios que habitaban esas latitudes. La selva, siempre atractiva y atrayente. Los ríos, esos generosos caminos de agua dulce.
Después de atravesar numerosos “policías acostados”, como llaman acá a los “lomos de burro”, omnipresentes en todo el país, llegamos a Tucupita, con la idea de encontrar algún viaje que se ajustase a nuestros intereses y modos.
Quienes siguen el blog sabrán que no somos los habituales turistas, no nos conformamos con cosas que están bien para otros y, por otra parte, nos tienen sin cuidado aspectos que otros viajeros consideran vitales.
La previa:
Gracias a la guía de viajes encontramos la Oficina de Turismo del lugar. Debemos manifestar que estaba escondida, sí escondida, en una casa de muy mal aspecto, que parecía abandonada.
Se sorprenden cuando entramos y solicitamos información turística, van a buscar a una persona específica, y luego, mientras ésta nos habla, otra empleada, sin avisar, nos comienza a sacar fotos con su teléfono (¡!).
Nos entrega un folleto donde están los operadores turísticos en el que, para nuestra sorpresa, consta el teléfono de todos y cada uno, nada más; es decir para nosotros que estamos sin teléfono era una situación complicada. Nos avisan que un operador está “ a la vuelta”.
Allí nos ofrecen un tour de un día por 150 u$s, y de dos días y una noche por 180 u$s ( en realidad era un día y medio).
Seguimos caminando por la ciudad y, visitando la catedral, encontramos un pequeño cartel. Golpeamos, buscamos timbre, batimos palmas, hasta que sale la encargada y dueña de la agencia haciéndonos pasar a un pequeño local contiguo. Nos cuenta las posibilidades del paseo que son iguales a las de la empresa anterior, pero por el que deberíamos pagar sólo 100 u$s.
Nos informa que si nos decidimos a hacer el viaje al día siguiente, tenemos que avisarle antes de las 15.00 hs. Después de algunas deliberaciones y averiguaciones acerca de dónde dejar nuestra casita durante nuestro viaje por el delta, volvemos al lugar para confirmar el tour.
Llegamos a las 14.30 hs y nuevamente se reitera la escena de tratar de ingresar al local, cosa que conseguimos recién a las 14.50 hs, por casualidad ya que la dueña que se encontraba en el fondo de la casa y nunca nos oyó. Nos dijo que se asomó porque sí, confirmando que nuestros esfuerzos de llamar la atención con todo tipo de ruidos había sido infructuosa. ¿Por qué no ponen un timbre? Cerramos trato y nos despedimos hasta el día siguiente a las 9.00 Am.
De las pocas posibilidades que encontramos, elegimos el Cuartel de Bomberos para dejar nuestro motorhome durante nuestra ausencia.
El tour:
Al otro día, llenos de expectación, estábamos en la casa- agencia a las 8.50 hs. Nos recibe el hermano de la dueña-encargada (nuevamente nos atienden primero por la puerta familiar). Rober nos cuenta que está lavando ropa de su hijo de cinco años, quien se duerme por las noches abrazado a él. Que está separado y prefiere que el niño esté bajo su cuidado. Rober será nuestro guía, terminará de lavar la ropa porque le deja siempre todo listo, su propia ropa no importa, sí la del pequeño. De todo esto nos enteramos aún antes de presentarnos.
Se producen una serie de idas y vueltas, vemos que van a buscar comida, entra y sale gente, llamadas por teléfono móvil, aviso de retraso. Salimos a las 10.30 hs, somos seis en una camioneta particular, dos turistas (nosotros).
La camioneta, como la mayoría en Venezuela, es doble tracción, caja automática y… muy usada, se detiene un par de veces, la tapicería está mal, le faltan luces, pero el viaje, hasta La Horqueta (de donde sale el navío), se hace entretenido, mientras nos enteramos de las cuitas familiares (los cuatro son familia).
Ratificamos la pasión venezolana por la lotería, al detenernos dos (2) veces en el camino para que puedan apostar. El método que siguen para elegir el número es…sencillamente…inenarrable.

Arribamos donde nos espera la lancha, conocemos más familia (todos muy simpáticos) y, luego de hacer algunos mandados entre islas, salimos con destino al campamento.
El guía, aprovechando una de las paradas, nos convida cacao. Nunca habíamos comido cacao fresco. Es sencillamente exquisito, tiene una acidez que no hubiéramos imaginado. También probamos otra fruta cuyo nombre olvidamos. Cortó cocos para comer más tarde; eran marrones, degustamos especialmente su núcleo, carnoso y suave. Tampoco habíamos probado éstos antes, sí los amarillos, verdes y naranjas, donde básicamente se bebía el agua y en algunos se comía la pulpa.
Durante las cuatro horas que duró el trayecto vimos aves de distintas especies y dos perezosos que eran descubiertos infaliblemente en la lejanía por Robert o Juan (el motorista), quien aminoraba la marcha o detenía el motor para que sacáramos fotos.












Pasamos a buscar a Julián, el guía nativo (waori), con el que realizaríamos las actividades en la selva y arribamos al campamento.
Rápidamente la primera churuata es desdeñada porque una colonia de avispas se había ubicado en la misma, y ni ellas ni nosotros queríamos compartir la locación.
Vamos al otro campamento, Wira Morena, hay una pequeña churuata que hace de cocina, una bien grande que es comedor y dormitorio, y una tercera construcción que hace de baño, con tres paredes e inodoro. ¡Excelente! Bien selvático.


 


















Un murciélago vuela a sus anchas por el amplio y abierto recinto justo antes de empezar a cenar.
Alrededor hay agua y exuberante vegetación. Sólo dos muy pequeñas zonas cerca de las casa se han limpiado, el resto es selva primaria.
Comemos y descansamos al borde de un “caño” (riacho) que forma parte del delta. A la noche salimos en una canoa típica de este pueblo, el agua está alta, lo que dificulta el avistamiento de animales ya que éstos, explica Julián, se retiran en estas ocasiones a lo más denso de la jungla.

Vemos pocas aves pero escuchamos significativos sonidos, parecen animales grandes poco más atrás de la vegetación que observamos, con ayuda de linternas y de la inmensa luna que está colgada encima nuestro. Con el murmullo del agua corriendo y la iluminación escenográfica sobre los oscuros árboles, palmeras y demás especies fue uno de los momentos más especiales de todo el viaje. Imposible trasmitir en palabras lo sentido en esas horas. Una experiencia muy fuerte, maravillosa.
hoacín (Opisthocomus hoazin)

Dormimos, en nuestras hamacas, escuchando el rumor de animales alrededor nuestro, creímos oír, en algún momento de la noche, uno que se movía y comía algo, muy cerca.
A la mañana siguiente después de un excelente desayuno, salimos a caminar por la selva. Julián nos explica de las plantas y sus virtudes terapéuticas, ameniza la caminata con “souvenirs” que va fabricando con ramas, hojas y pequeñas lianas.
Bebemos agua de bejuco, probamos diversas hojas y comemos palmito “cosechado” en el momento, disfrutamos de la compañía y conocimientos del jovial guía. También nos muestra cómo hacen fuego siguiendo métodos tradicionales. Nos regala esos especiales elementos por si son necesarios para nuestra futura supervivencia.

Una cansador baño en el río nos refresca. Cansador por que el agua corría muy rápidamente, había que nadar para mantenerse cerca del muelle.

Más tarde partimos de regreso a “la civilización” con un dejo de tristeza por la belleza, natural y humana, que dejábamos allí.
Esposa de Julián hilando, sobre su pierna, fibra de Palma Moriche.
Hoy (jueves santo), los ríos están colmados de gente, empieza semana santa y los venezolanos corren a vacacionar por todo el país. Vemos muchísima gente en el agua de la que asoman sus manos sosteniendo las correspondientes botellas de cerveza.
Ya en La Horqueta, nos está esperando un primo de la familia en un auto pequeño. Esta vez somos cinco. El conductor mientras maneja va bebiendo whisky con mucho hielo, típico del país. Música fuerte y… el auto que se detiene dos veces, en la segunda sacan la batería y algo manipulan en ella. Nos miramos preocupados, por suerte no se para más, pero sufrimos la falta de aire acondicionado con este calor aterrador.
Con esta informalidad que nos choca un poco, el chofer nos dedica una canción en el Cd del auto, una canción que habla sobre los viajes y los cambios, pregunto el autor, parece que es Marco Antonio Solís, agradecemos el gesto.
Nos despedimos de la gente de la agencia con afecto. Es el modo venezolano, informal y cálido. Compartimos con ellos la vida cotidiana y “real”, además del paseo y la fascinación que siempre la selva ejerce sobre nosotros.


La Cueva del Guácharo


24-03-13


Una experiencia diferente fue el recorrido guiado de 1500 mts, bajo la superficie de la enorme cueva ricamente conformada por estalactitas y estalagmitas de formas muy sugerentes.












Mientras en el suelo los roedores caminan entre los pies de los visitantes, en lo alto, los guácharos manifiestan su incomodidad al ser molestadas por las pocas luces de las lámparas de los guías por medio de un ensordecedor graznido.  












Al caer la tarde regresamos a la entrada de la cueva para observar la salida en bandadas de estas aves fotofóbicas, que a esa hora van en busca de su alimento.
Frente a la cueva se encuentra el salto La Paila.