Llegamos al mirador de Llipata, somos amablemente atendidos por un joven que nos habla de las “Líneas de Palpa”. Observamos algunas imágenes realizadas sobre las laderas de los cerros por el pueblo Paracas. Entre todas las figuras, el “dios oculado” nos cae bien, nos resulta muy simpático.
Entramos Palpa. Encontramos un sencillo lugar, muy tranquilo, con una plaza haciendo honor a las fantásticas naranjas de la zona, y una iglesia que impone su presencia, la misma fue reconstruida luego de un gran terremoto.
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| Plaza |
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| Iglesia |
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| Estudio de abogados |
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| Motocar |
Vamos al Museo y nos encontramos con un espacio relativamente pequeño pero muy bien armado y presentado, con material de culturas preincaicas y una señorita que nos explica entusiasta y profesionalmente las características geográficas, culturales y gastronómicas de esta provincia y de las tres regiones del Perú.
Casi toda la gente nos saluda al cruzarnos en la calle.
Despreciando los platos de 12 y 20 soles, cenamos bonito (pescado) frito con “frejoles” o “papa sancochada” por 6 soles, de beber, sin pedirla, nos traen cebada a temperatura ambiente. La cebada es levemente parecida a la cerveza stout, sin alcohol, sin gas, sin frío y sin químicos.
Dormimos muy tranquilamente.
Cuando estábamos caminando antes de partir hacia Ica, un guía turístico (quien nos había visto en el Museo el día de ayer) nos invita a una caminata programada de 2,5 km a fin de observar geoglifos. Partimos en grupo, despedidos por el Alcalde y coordinadores de la actividad. Nos regalan agua y galletitas y luego se compran varios kilos de las excelentes naranjas de la región para comer durante la caminata.
Observamos un geoglifo de la cultura Nasca, realizado sobre otro, más antiguo, de la cultura Paracas; visitamos las ruinas de una antigua estancia, todo acompañado de muy interesantes explicaciones del señor Juan Hipólito Garibay.
Por ejemplo de que la matemática Maria Reiche empezó sus investigaciones sobre las líneas en este lugar, también sobre la producción agraria actual de la zona.
El grupo era muy interesante, se produjeron conversaciones muy amenas, intercambiando conocimientos y costumbres de nuestras culturas.
Por la tarde buscamos a la señora Paz Herrera, recomendada por el señor Hipólito, debíamos probar los limoncitos rellenos de manjar que ella elabora. ¡Exquisitos!
Compramos la cena en uno de los tantos puestos que vimos en Perú, en el que se cocina en la vereda. Charo nos preparó una rica presa de pollo frito, “pollo Broadster”, acompañado de papas fritas y lechuga, a sólo 5 soles cada porción.
Unos metros más allá, los vecinos se juntan a jugar a la lotería y beber café. Parece que el dueño del lugar hace trampa con los números, no se sabe si con la bebida. Una a una las vecinas se retiran y acuden a nuestra cocinera para despotricar contra el dueño del loto, quien considera de mal gusto el relato de Borges (“La Lotería de Babel”).
Llegamos a Palpa por un renglón en una guía turística que anunciaba la existencia de petroglifos, nos encontramos con un pueblo lleno de historias y pasiones, que quedaron eclipsadas por circunstancias ocurridas en el tiempo.
Para mayor información sobre Palpa, recomendamos visitar el facebook de: Juan Hipólito Garibay.















