Bienvenida

¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


14 may 2013

Museo Diça Frazão


15-04-13. Al bajarnos en la escala que hicimos en Santarem, caminamos en busca de este museo, del cual teníamos una vaga referencia de su existencia.




Fue realmente una sorpresa que su dueña, creadora de las obras que allí se exhiben, sea la celosa guía del lugar.



Nos sentimos muy emocionados cuando apareció Diça, de 92 años de edad, empujada en su silla de ruedas por una joven ayudante. Con mucho orgullo nos guiaba por las vitrinas explicándonos sobre los diseños, ideas, materiales y usos de cada vestido expuesto.


Mientras nos daba la información, nos hacía tocar las muestras de las fibras naturales (hierbas, pulpa de madera, entre otros), que ella llevaba en una cesta sobre su falda, enfatizando que todas las prendas fueron confeccionadas sólo con este tipo de elementos.


Entre las piezas exhibidas pudimos observar la reproducción de un vestido hecho para una reina belga y la de un mantel para el Papa Juan Pablo II, además de trajes representativos de Santarem para la famosa fiesta Boi – Bumbá de Parintins.




















En una segunda sala nos mostró orgullosa los trofeos y diplomas recibidos y los productos que tiene para vender: sombreros, carteras, caminos de mesa y carpetas. Todo elaborado con fibras vegetales.

Me enamoré de la trama de los sombreros tejidos con fibra de palma “buriti” que, al probarme uno, confirmó que debía venir conmigo.


Nos despedimos afectuosamente y partimos enriquecidos por los cálidos momentos compartidos con esta artista que, aún hoy con sus noventa y dos años, afirmó que sigue trabajando con sus manos.



13 may 2013

Manaos-Belén en barco



13 a 17-04-13.
Cuando pensamos que lo más difícil, conseguir los pasajes, había pasado…tuvimos que subir la Master al barco.

Momentos de muchísima tensión para los observadores, mientras el conductor seguía las indicaciones tranquilamente (al no ver lo que estaba pasando).

Parte de la Master en el aire.

 La tabla se curva con el peso, balanceándose peligrosamente.

Una parte ya se apoyó en el barco.

Ya  acomodada, observen la diferencia de altura entre los tablones y el barco.
Parte de los pasajeros esperaban para subir


















Chau Manaos




Ya acomodados, bajo cada hamaca, el equipaje


A pocos kilómetros, el Río Negro, se encuentra con el Solimoes (de aguas más claras), que viene del Perú y forman el Amazonas. Recorren un largo trecho juntos, se van mezclando paulatinamente.


El padre de todos los ríos nos regala la primer puesta de sol.


En Juruti, los vendedores alcanzan la mercadería a los pasajeros que permanecen en el barco; con palos en cuyo extremo ponen un improvisado embudo recogen el dinero del pago.


Más adelante, la selva se vuelve más espesa, aparecen niños en pequeños botes y, desde el barco, le arrojan bolsas ya preparadas, con diversos elementos en su interior.



















No hay mucho para hacer en tantas horas de navegación.




Paramos varias horas en Santarem. Aprovechamos para conocer la ciudad, visitamos un particular museo, que merece una entrada aparte.















A medida que pasan los días, el equipaje se desordena…



Al quinto día, bajo un cielo nuboso, aparece Belém do Pará.


Sacar el vehículo fue mucho más sencillo


Nos despedimos de Marcela y Luis Carlos, chilenos con quienes compartimos muchas charlas durante el viaje.


4 may 2013

Manaos


11-04-13



La selva avanza.



















El gran calor de la ciudad influye sobremanera en las vivencias. Uno de nosotros despertó en distintas noches bajo el “efecto Edgar Alan Poe”. Sentir que no hay aire para respirar, el calor ocupa todo.

Nuestro primer objetivo, sacar el pasaje para la Master y para nosotros hacia Belem, resultó bastante tedioso. Y no pudo ser resuelto el primer día a pesar de recorrer varias agencias, algunas de ellas más de una vez.

De las seis consultas, en ningún momento nos dieron el mismo precio (cada vez era más alto) y, en algunas de ellas, se desdecían al instante después de hacer un misterioso llamado telefónico.

En algunas, nos empezaban diciendo que podría costar unos R$ 1000, luego de la “necesaria” consulta telefónica, nos decían otros precios, llegando a R$ 3100, acompañado de largas explicaciones que la barrera idiomática no nos permitía comprender del todo, pero nos sonaban a justificaciones extrañas.

Finalmente compramos los tickets para el vehículo y nosotros por R$ 2500 (comida no incluida). Viajamos en el San Marino II, junto con la Master. Cuestión que nos interesaba sobremanera.

Luego nos enteramos que “los llamados” eran al gerente del único barco que salía esa semana hacia Belem, y en el que, por sus dimensiones, entraba nuestra casa rodante.

En parte, nos lamentamos no habernos quedado más días en Manaos para recorrerla y conocerla mejor, por otro lado, si no viajábamos el 13 habría que esperar por lo menos una semana más, al próximo barco, y no sabíamos si tendría cupo para nuestro vehículo (ya que todo va resolviéndose en el momento de acuerdo a la oferta, la demanda y los espacios disponibles).

Sobre más detalles de esta experiencia, nuestros lectores pueden consultarnos vía email. Son muchos los datos que podrían servirles, de tener que hacer este trayecto.

Caminamos por el atractivo mercado de artesanías, en las  que predominan los elementos naturales.





















Teatro Amazonas, construído con materiales traídos de Europa, excepto los pisos realizados con maderas de la región.







Pudimos ver la muestra del patrimonio de dos universidades, correspondiente a la cultura Ticuna.




Iglesia en Manaos.




De la frontera venezolana a Manaos.

08 al 11-04-13.


Hacemos la primera noche en Boa Vista. Frente al posto de gasolina en el que paramos hay un supermercado grande. Entramos y quedamos deslumbrados como niños en una juguetería. 

Luego de la experiencia en Venezuela nos sorprende ver todos los productos en las góndolas, limpios, presentables, con sus precios, iluminados. Hay papel higiénico, leche, manteca, lo que uno busque.

La tarjeta de débito funciona perfectamente (en Perú y Ecuador pocos negocios las aceptan, en Colombia teníamos que pagar con crédito, en Venezuela los supermercados chinos no las recibían). Casi estamos en casa, pensamos.



Un feo monumento marca el lugar donde “pasa" el Ecuador.


Venta de artesanías antes del ingreso a la reserva.

Entramos a una reserva del valiente pueblo Waimiri Atroari, el cual defendió con su sangre su tierra para evitar que pase esta ruta. Luego de muchos enfrentamientos que supuso la muerte de soldados del ejército y de estos pobladores originarios, se accedió a la construcción de la ruta bajo ciertas condiciones: no se puede detener en ella, está abierta al paso sólo de 8.00 a 18.00hs, no se puede filmar ni sacar fotos.

Con cierta expectación viajamos a velocidad crucero, mirando atentamente. La selva es distinta, muy espesa, se nota que es bosque primario.

De repente, de la espesura surge un magnífico jaguar, cruza despaciosamente el asfalto y ya, desde el otro lado, gira su cabeza y nos ve, de un ágil salto se hunde nuevamente en lo oscuro de la selva. Quedamos sin habla, la belleza del animal y sus movimientos nos conmovieron profundamente. Los aborígenes deben tener razón, al rechazar “nuestra” civilización.

Casi al final de la carretera, un grupo de niños realizaban alguna actividad cerca de la carretera. Al vernos, las niñas cruzan la ruta y se esconden rápidamente en la selva. Dos de los niños permanecieron en el lugar y uno de ellos nos saluda con el pulgar hacia arriba cuando pasamos lentamente.

Se trató de una experiencia singular, donde sentimos que por esos kilómetros se nos permitió transitar por ese lugar que no nos pertenece.