Bienvenida

¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


24 sept 2012

Recorrido por Perù



En Perú tampoco encontramos un mapa acorde para marcar nuestro recorrido.

Éste lo hicimos nosotros, en  rojo se muestra lo transitado. Vemos el mapa y nos asombra lo rectilíneo del recorrido.


Fueron 4.278 km., estuvimos 58 días en el país.

El Hombre Institucional



INTRODUCCION
Constantemente vivimos en contacto con personas ejerciendo cierto rol social claramente definido y delimitado, al menos, idealmente.
Durante este viaje nos hemos encontrado con funcionarios con los que habitualmente no nos cruzábamos en nuestra vida “sedentaria”.
Estos funcionarios poseen roles claramente definidos, los que, a su vez, definen su accionar.
Si a ello le sumamos la diferencia cultural e idiomática (por ejemplo, no podemos homologar directamente el español hablado en Argentina con el hablado en Perú), se estableció que percibiéramos una frontera entre nuestras expectativas y lo que “encontrábamos” en el camino.
A partir de charlar, enojarnos y molestarnos, sentir que nos costaba ubicarnos, intentamos pensar diversas situaciones vividas (básicamente en Perú), las que produjeron algunos intentos de ceñir qué era lo que nos estaba pasando.
El texto siguiente, acerca del “hombre institucional” es uno de estos retoños de nuestro intento de comprender-nos en el contexto.
Suponemos que queda acordado que no nos situamos en el lugar de aquellos antropólogos que hacen una descripción e insertan, “objetivamente”, sus matrices culturales y de pensamiento sino, en el lugar de viajeros que desean atravesarse con otros modos existenciales, permeables a ser cambiados por ellos, cuando lo consideremos conveniente.

INICIO
El hombre institucional queda claramente establecido en el análisis sartreano, como la vertiente cosa del hombre sin decisión, sólo puede hacer “eso”.
El aspecto muro físico y verbal y de los encorsetamientos psicológicos del hombre institucional es, posiblemente, lo que más choca al interlocutor, especialmente si éste es lo suficiente refinado de espíritu para percibir que, es muy probable, aquél le esté mostrando otra faceta en la que puede (sinceridad mediante) reconocerse. Además, no debemos menospreciar, la agresividad que emerge al sentirse puesto en el lugar de cosa (doble cosificación).

DESVIO
Una vez más reitero lo que sostengo desde  hace años: la violencia simbólica produce violencia física, forma destemplada de acción del sometido que se ve llevado a tratar de modificar el ambiente (en sentido amplio, sentido que trabaja Bloss) para aliviar la tensión que se le ha suscitado.
Sería ésta la razón que justifique la respuesta violenta, fría, implacable; ya que esta acción se lee como un ataque al “orden” que supuestamente hay en la sociedad (que el hombre común cree y quiere creer pero en realidad no existe ni existió nunca). También se dice “el orden que queremos… o que debería… o nos merecemos que haya en la sociedad”.
Las leyes son sólo el medio que permite una fundamentación más “razonable” de la reacción. Entonces todas las estructuras hegemónicas reaccionan con virulencia a fin de continuar encubriendo la génesis de la situación. Reacción ante la reacción.
Si se disponen de medios de comunicación masivos para adjetivar como conviene estas reacciones violentas y se azuza el miedo de la población, ya está en gran medida ganada la batalla. Los no pensantes excluyen y engordan con sus fantasías la “maldad” de los parias.
La mala conducta es porque son malvados y, con la ayuda de la teoría “científica” de turno, probablemente “incurables”, y aquí lo médico-pedagógico se lleva también su porción.
Definir cuál es la salud y el modo correcto de arribar a ella. Salud corporal y salud moral, tecnologías del yo a aplicar para, en los casos en que es posible (muchas  veces esta posibilidad definida a partir de la capacidad económica, cuando no el color de piel o el lugar donde vive), la recuperación del foco de atención y que pueda volver a ser incluido en el pattern alienante.
Hay que hacer la hermenéutica de la acción violenta, de cada acción violenta, para no engordar más “malos” entendidos.

FIN
Además de la relación cosificada y de la posibilidad de encontrarnos en cierto aspecto “semejantes” que nos suscita, el encontrarse cara a cara con un representante (que se exhibe sin fisuras) de esos lugares de ejercicio de poder, nos provoca ciertas reacciones emocionales que nos cuesta aceptar, que nos movilizan.
No podemos dejar de pensar también en el lugar de “ustedes no-ustedes fuera” que se nos asigna implícitamente, o no, cuando chocamos con alguna de estas barreras, que el hombre institucional, enajenadamente, sostiene, para beneficio de otros.
El estar fuera, lugar añorado y temido por el neurótico, tampoco es fácil de sostener.
Quizá solo se pueda realizar un juego de adentro-afuera, y a veces.

8 sept 2012

Puerto Pizarro, Perú



01-09-12. No sabíamos si detenernos en Tumbes, cerca del límite con Ecuador, ya que, en general las ciudades fronterizas pueden ser complicadas. De todos modos averiguamos en esta ciudad para acercarnos al mar y nos remiten a Puerto Pizarro más al norte aún, informándonos que allí hay manglares. 

Vemos que nuestra idea de acercarnos más pausadamente hacia Ecuador, por una u otra razón, hace unos días que está siendo impracticable.  
Llegamos a Puerto Pizarro y encontramos un lugar acondicionado para el turismo. Muchas empresas y particulares que invitan a recorrer el manglar en botes grandes y chicos, excursiones desde 30 minutos a varias horas. 

Obviamente ningún manglar es igual a otro, pero como ya habíamos visitado uno que nos pareció bellísimo, y casi no nos quedaba dinero peruano, no nos terminamos de convencer. Sí escuchamos a la docena de vendedores que se nos acercaron (uno, lo hizo en tres oportunidades), sacamos una cuantas fotos, visitamos el excelente centro turístico donde asistimos a una elocuente charla por parte de Manuel y fuimos ¡reporteados! por Joe, un periodista local. 

Comentario aparte merecen las conversaciones que tuvimos con unos cuantos niños del lugar. Eran muy curiosos y hasta un poco intrusivos…

Desde el puerto, y por un pequeño sendero que recorrimos y llega al manglar, avistamos muchísimas aves y cangrejos, entre ellos el llamativo “cangrejo violín”.
El puerto con marea baja, lo verde son los manglares, al fondo se observa el mar.

El malecòn
Aves que quieren comer sin trabajar

















A la noche hubo casamiento y fiesta en el playón deportivo ubicado en el medio del pueblo pero, al igual que otros lugareños, no fuimos invitados. La música, que nos acompañó toda la noche, era en vivo, costumbre distinta a la Argentina.

Al otro día, aunque era domingo y “sabemos” que nos es un día ideal para cruzar una frontera, igualmente nos decidimos a pasar a Ecuador…
Con marea alta, bella puesta de sol en Puerto Pizarro.

En este bote no se ingresa al manglar.


Màncora y Punta Sal, Perú


29 y 30-08-12. Máncora no es lo que imaginábamos.  Hacia el sur los cerros llegan hasta el mar y es imposible pasar más allá. Hacia el norte hay una playa muy pequeña, con fuerte oleaje que, cuando la marea sube, la deja en proporciones casi de broma.



La calle peatonal, llena de negocios llega hasta el mar; a su alrededor muchos restaurants con su personal invitando a cada turista a que pruebe sus menús.




Gente de todas partes del mundo. Parece que hubiera un concurso de tatuajes. Nos da la impresión de que en cualquier momento pasará alguien contando cuántos tenemos.
Muchísimo artesanos, puestos callejeros y, por supuesto, muchísimos argentinos vendiendo comida para poder estar unos días más en Máncora.


A la mañana siguiente encontramos que, hacia el norte, la playa es muchísimo más extensa. Empezamos a caminar pensando que, según nuestra costumbre, iba a ser por horas. A los trescientos metros nos sale al paso un policía, que estaba sentado en una silla. Nos pregunta: “ a dónde van?” respondemos: “a caminar”. Dice: “no pueden ir más allá, los van a asaltar, con armas”. Le agradecemos y abreviamos sensiblemente la caminata.

A la tarde charlamos con gente en el malecón que nos confirma lo peligroso que es esa parte de la playa, para peruanos y extranjeros.


Donde la caminata se abreviò

Màncora a cuatro cuadras del centro


31-08-12. Insistimos con las playas y nos dirigimos a Punta Sal. Para ingresar hay que pasar por una barrera y el agente anota el número de placa, además de preguntar el motivo de la visita.

Diminuto, casi todas las casas dan al mar, las calles están separadas de la playa. Como no vemos información turística, oficina ni personal, preguntamos a una señora propietaria de un comercio dónde podríamos estacionar. Con cara de asco nos dice que preguntemos en la tranquera de vigilancia.

Nos vamos a tomar sol a la playa, a los veinte minutos llega un caballero con camisola bordada, impecablemente blanca y un gran collar trenzado, se presenta como el “teniente gobernador” (¡¿?!) y nos pide que corramos el vehículo. Admitimos que estaba cerca de una ochava, de una casa visiblemente deshabitada.
Nos indica dónde ponerlo y reitera varias veces que si alguien nos dice algo digamos que el “teniente gobernador” nos autorizó. Corremos el auto, comemos y les dejamos Punta Sal a los que les guste esa vida con restricciones, sectorizaciones, encorsetamientos.

Recorremos varias playas hacia el  norte. Las características son semejantes entre ellas (y totalmente opuestas a la que acabamos de dejar): mucha pesca artesanal, casitas pobres hacia la playa, con calles pequeñas como para intentar explorarlas, hasta que llegamos a Puerto Pizarro.

Ultimas playas en Perù



28-08-12. Llegamos a Los Órganos, un poblado en la costa que parece de película. El sol, alto, dibujaba en contraste a los barquitos pesqueros, la playa, muy ancha, con hermosa arena y cangrejos que se escondían al vernos pasar. 

Estacionamos en la rambla, en Perú le dicen malecón, frente a un par de escuelas.
Los niños peruanos van a la escuela enteramente uniformados, cada colegio tiene su color, que exhiben con orgullo. En algunas ciudades usan borlas o festones que cuelgan, lo que da un toque un tanto marcial para lo que acostumbramos a ver los argentinos.

A la mañana siguiente vienen a la playa a realizar sus actividades físicas. Frente a la costa, hay casas con verde y un clima de quietud y relax que… hace que partamos a Máncora, de la que tanto habíamos oído.