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¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


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17 jul 2012

Porto Velho


30-06-12: Antes de llegar a Porto Velho, la ruta atraviesa hermosas parcelas de selva; también vemos con tristeza camiones llevando anchísimos troncos, ¡ojalá valga la pena aquello para lo que los hayan cortado!





Al llegar tuvimos que dejar el vehículo estacionado al sol, a pesar que nuestro termómetro marcaba 34°. Descansamos en una placita donde, alternadamente, se nos acercan varias personas que, parece, viven allí mismo, algunas a pedir reales, otras a charlar.
Es raro sentarse a "hacer nada", a esperar que pase el calor, la verdad es que no se puede hacer mucho más.
Después de almorzar algo ligero fuimos a la plaza Madeira Mamoré, un agradable espacio, recién restaurado, donde a orillas del Río Madeira, hay bancos, pisos de madera, hermosas vistas, una linda arboleda. La plaza se encuentra  al lado de los galpones ferroviarios, en proceso de puesta en valor cultural.

















En determinado momento, se nos acerca un joven a solicitarnos firmemos un petitorio para declarar ese lugar Patrimonio de la Humanidad. Saimon resultó ser el mejor guía que tuvimos hasta el momento. Se presentó como funcionario público, nos relató con muchísima pasión la historia de Porto Velho y de la formación del Estado de Rondonia, y nos escribió en un papel los principales puntos de interés turístico a falta de planos y guías impresas. ¡Cómo cambia la visión de un lugar, según los vínculos humanos que uno pueda establecer! Le agradecimos la información, firmamos su petitorio, intercambiamos direcciones de blogs, y, contentos, tomamos una cerveza en un bar flotante.

La dirección del blog de Saimon es http://saimonrio.blogspot.com   donde encontrarán muchísima información, actual y pasada, sobre el Estado de Rondonia, sus habitantes, su historia, con mucha documentación.





Por la noche presenciamos el CurtAmazonia, festival de cine, donde vimos un film que refleja la historia del tren Madeira Mamoré, su cierre y los esfuerzos por revitalizar algunos kilómetros de vías (que se internan en la selva), como tren turístico.
Visitamos la Plaza Tres Caixas, donde se observan los antiguos tanques de agua que eran el reservorio para la población; también la Casa de la Cultura donde además de ver dos muestras, fotografiamos un cartel que es muy pertinente a este blog, aquí está:


Praza Tres Caixas

La ruta hacia el Estado de Acre, hace partes del trayecto de las vías del tren. Hoy vimos un antiguo puente de hierro en desuso. Estos rieles llevaron a los trabajadores que hicieron la ruta de asfalto, la que determinó que se cerraran las vías: cómico-trágico-generoso.




Para cruzar al Estado de Acre hay que cruzar el Río Madeira en Ferry.





Viajando por Rondonia


En viaje hacia el Estado de Rondonia llegamos a una ciudad llamada Pontes e Lacerda, nos guió nuestra intuición y pudimos estacionamos a la orilla de un río. Durante toda la tarde fue llegando gente tanto sea para pescar, descansar bajo el puente (donde estábamos nosotros), hacer un alto en el trabajo para tomar tereré, etc.
En general los habitantes tienen una actitud de seriedad y reticencia pero saludan y comienzan a hacernos preguntas, algunas llamativas por lo concretas que son. Comprobamos finalmente, que es el lugar donde con más gente hablamos en las pocas horas que estuvimos. Incluso uno insistió para que nos sacásemos una foto con él (con nuestra cámara).

Encontramos un lavadero de ropa que no cobrase mucho ni tardase tanto, como otros donde habíamos averiguado; de todas maneras tampoco es que haya tantos lavaderos en Brasil. Sólo dejamos la ropa grande. En todos ellos cobran por cada una de las prendas.

Si bien el paisaje es siempre llamativo, el cansancio de los kilómetros acumulados en los cuerpos se hace sentir, cuesta cada vez más entretenerse hasta llegar a destino; además como estamos yendo al norte, el calor es cada vez  más intenso, tratamos de no viajar entre las 11.30 hs y 13.30 hs, por más que usemos el aire acondicionado del vehículo.



Sabíamos que la ruta estaba en mal estado, ya que nuestra revista guía, “Rodoviario”, lo aclaraba. La verdad es que nos tuvimos que armar de paciencia, ya que el estado calamitoso fue mucho más largo de lo indicado. Donde había parches éstos sobresalían algunos centímetros, por lo que el golpe se acusaba igual, la cocina y la heladera nos avisaban de ello. 
Cada tanto había “buracos” (palabra que aquí usan para el agujero) que eran cráteres aún no explorados debidos a su profundidad. Mientras el conductor emite improperios cada vez más creativos ante cada uno de los tres cráteres que no pudo evitar, la copiloto trata de embocar la aguja de crochet en el punto recién hecho, mientras la lazada se deshizo por el salto del vehículo.
En algunas partes no se pueden evitar ya que se encuentran a todo lo ancho de la calzada, es difícil frenar con los autos que vienen atrás y los camiones que circulan a buena velocidad. Tal es así que auxiliamos a dos brasileros quienes, aunque conocían la ruta, rompieron dos neumáticos de su camioneta; llevamos a uno de ellos hasta la “borracharía” (gomería) más cercana y aprovechamos para preguntarle de la ruta para ingresar a Perú, hacia donde se dirigían.


















Nos detuvimos en Ariquemes frente a los baños de un “posto” (estación de servicio). Constantemente paraban camioneros a ducharse y seguían su viaje. Pero cuando quisimos corrernos a un lugar más tranquilo, dos camiones estaban estacionamos “demasiado” cerca atrás nuestro. Esperando que también se vayan fuimos al bar del posto a tomar una “geladinha” (cervecita) y escribir para el blog.
Cuando volvimos al auto, estábamos rodeados de inmensos camiones (de 25, y hasta 30 metros de largo y varios metros de alto), que no nos dejaban movernos, ante la imposibilidad de buscar a los propietarios entre los, aproximadamente treinta camiones que había en toda la playa, decidimos pernoctar allí.

A la noche, después de cenar, charlamos con algunos camioneros vecinos (muchos viajan con sus esposas), mientras ellos esperaban su turno para bañarse; fue una charla amena y nos avisaron que la ruta empeoraba.

Cuando fuimos a dormir, estábamos en el borde de una ciudad-camión, lamentamos que no había luz para fotografiar.