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¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


Mostrando entradas con la etiqueta Armaçao. Mostrar todas las entradas
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25 may 2012

Un momento de nervios!


10-05-12. Al estar por dejar el camping en Armaçao, buscamos los reales guardados y ¡no aparecen por ningún lado!
Las siguientes horas fueron de nervios y transpiración. Revolviendo, buscando por todos lados y…pensando lo peor: “nos robaron”; aunque habíamos sido muy cuidadosos cada vez que nos alejábamos del vehículo.

En un momento le propongo a Nel tomar unos mates bajo los árboles para ver las cosas desde otra perspectiva y pensar más tranquilos.
Lo hacemos, y luego decidimos partir, como habíamos pensado.

Al finalizar de acomodar las cosas para que no se caigan con el movimiento, lo cual lleva su tiempo, recuerdo que en algún momento le dije a Nel que guardaba “algo” en la mochila de cuero. Meto la mano para ver si seguía allí aquello, que no me acordaba qué era y…aparecen los billetes. ¡Qué alegría! ¡Qué tranquilidad!

Me viene a la mente que dejamos el dinero allí siete días atrás, cuando cruzamos la frontera. Desde ese momento, nos acompañó todo el tiempo que usábamos la mochila.

Florianópolis al sur


08 y 09-05-12. El 08 amanece soleado, nos levantamos temprano y vamos a tomar mate a la playa. Miramos el mar, los morros, las aves, disfrutamos estar con ropa tan liviana en la playa siendo otoño.
Descansamos, subimos cosas al blog y limpiamos la casita, también caminamos bastante por algunas playas cercanas.

Conocimos, y compramos en un sacoloa, se trata de un mercado donde hay mesadas con frutas y verduras cuyo valor es uniforme y al peso. Por ejemplo, un kilo compuesto por banana, mandarina papa y lechuga cuesta lo mismo que un kilo compuesto con tomate, pepino, berenjena y manzana, cada cliente arma el kilo como quiere. Actualmente cada kilo cuesta un real (un real es igual a 2,5 pesos argentinos).

El día siguiente hacemos trekking hasta Lagoinha Do Este, nos llevó bastante tiempo (2 horas y media), recordándonos los caminos de la cordillera. Hubo varias subidas y bajadas entre piedras y vegetación selvática y llegamos a una solitaria playa de arenas blancas. 


Almorzamos las dos bananas y cuatro mandarinas que habíamos llevado, el día es ventoso lo que hace volar la fina arena, por lo cual al cabo de un breve descanso partimos a Pántano do Sul (otra hora y media de caminar), y por donde la senda, trilha en portugués, pasa por los ríos que se forman cuando baja el agua, por la tierra roja, con mucha humedad, incluso hay agua en algunas partes.

Pántano es una playa muy acogedora, pintoresca, con barcos de pescadores de variados colores, casitas en los desniveles del morro, con mar azul y arena que parece talco, es casi polvo de tan finita.



Dado el cansancio mortal que tenemos, nos regalamos una cerveza en el primer bar que encontramos, frente a la playa.

Volvemos en un colectivo de línea al camping.

Experiencias


07-05-12. Salimos más temprano que nunca, a las 8.30 hs, preguntándonos si llegaríamos a Florianópolis en el día. Pregunta irónica ya que estábamos a tan solo unos 160 kms. pero la realidad es que nos detuvimos y bifurcamos tanto en estos días, que parecía seguir alejándose cada vez más, aunque si aparecía algo interesante…

A la hora y pico de andar nos detenemos en una banquina con tan mala suerte que el lugar estaba con barro muy blando en el que se encajaron las dos ruedas laterales de la derecha del vehículo. El desnivel con el asfalto de la ruta era importante, por lo que la casita quedó bastante inclinada.
Inútil es explicar todo lo que intentamos hacer para sacarla de allí, cada vez que arrancábamos se hundía más, en el mismo lugar o un poco más allá. Tacos de madera, ramas secas y verdes, pastos, yuyos, piedritas, algunas hojas de diario que traíamos y algunas botellas de plástico encontradas resultaron insuficientes.

Una breve discusión, con resultado abierto, hizo que uno siguiera intentando lo mismo y el otro se preguntara: ¿por qué no pedir ayuda?
Al tratar de parar algún vehículo que nos pudiera sacar, sucedió lo esperable: sólo un camioncito pasó y no se detuvo.
Pocos minutos después un típico hijo de inmigrante alemán (que en la zona hay muchos), paró en su Gol y preguntó qué pasaba. Tratamos de explicarle y se ofreció a llevar a uno de nosotros a buscar ayuda. Subí y nos dirigimos a pocos kms. donde entramos a un pequeño establecimiento en el cual estaban trabajando con hojas de tabaco.
Anderson (después le pregunté el nombre) habló con un grupo de gente mientras éstos continuaban su tarea, uno ellos de tanto en tanto me miraba de soslayo. Se dirigió luego al otro grupo de personas y empezó a hablarles también muy tranquilamente, pensé que las posibilidades de ayuda se desvanecían. En nuestra conversación en el coche creí entender que conocía a las personas pero tal vez creí mal.
En este segundo grupo había dos personas  manipulando las hojas de tabaco y otra, parada dentro de lo que parecía una pequeña heladera en desuso, las pisaba. Cuando, unos minutos después, oí el ruido a  tractor viniendo detrás de mí respiré aliviado.

Cuando llegamos Adriana ya había preparado las cosas para remolcar el vehículo.
Sacar el furgón con el tractor duró 30 segundos, les agradecimos tratando de que entendiesen todo lo que valoramos su ayuda.
Tendrán que contentarse y confiar en nuestras palabras porque, con los nervios del momento, no nos dimos cuenta de registrar el hecho.

Llegando a Floripa, como algunos le dicen, el tránsito es endemoniado, el GPS estuvo fantástico. Previo paso por Informes Turísticos, nos alojamos en un camping en el “Sul” de la isla, llamado Armaçao.
Alejandro, el rosarino dueño del camping, mostró el estilo de vida que lleva aquí desde hace doce años. (WTF!)
Noche muy agradable, iluminada por la luna llena, ya caminamos por la playa y mañana seguiremos descubriendo el lugar.