Bienvenida

¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


14 may 2013

São Luis


19 al 21-04-13. Por intuición, y con planos y GPS, llegamos a Sao Luis. Estacionamos frente a una ajetreada plaza y recorrimos algunas calles, hasta que llegamos a su centro histórico. 

Nos encantó, fuimos a la oficina de turismo y, amablemente, nos indicaron dónde podíamos estacionar para pernoctar.

Nos dirigimos al estacionamiento, al lado de una terminal de Buses, muy cerca de una zona de bares y el mar. Cruzando la avenida empezaba el Centro Histórico, ¡nada mal!.


Dimos unas vueltas por el centro admirando las callecitas adoquinadas y las construcciones, que se distinguen de las otras ciudades por el profuso empleo de los cerámicos (que eran traídos de Europa), útiles para combatir el calor y la humedad. La mayoría de fondo blanco y color azul.


Luego nos dirigimos a recorrer la costanera (“orla” es llamada en esta parte de Brasil) y un grupo de gente atrae nuestra atención. Un coche se ha caído por unas escalinatas y se encuentra muy cerca del mar, además en posición incómoda para subirlo. En la calle, un muchacho con cara apenada sentado en un “bus escola” parece ser quien embistió al auto y lo arrojó al mar.




Ya hemos visto en Belén otros colectivos que se utilizan para aprender a manejar profesionalmente. Si nos llamó la atención el año pasado, en este país, la cantidad de escuelas para automovilistas que hay, ahora Brasil nos asombra con esto.

La gente se detiene a ver, hace comentarios, saca las inevitables fotos (como nosotros), y sigue su camino. Volvemos a la zona histórica.


La ciudad fue fundada por los franceses, en 1612, ellos también querían su parte de Sudamérica. Recién en 1615 los portugueses pudieron expulsarlos, pero sólo hasta 1641 cuando los holandeses se adueñaron del lugar. En 1644 los portugueses re-reconquistaron la ciudad.



Utilizando la mano de obra esclava, la zona se hizo muy rica gracias a la caña de azúcar y el algodón.

Sao Luis se encuentra en una isla, dividida por el río Anil, hay, además otros riachos. La marea cambia los dominios del agua dulce y el agua salada. La isla posee manglares y hermosas y extensas playas, donde pudimos dar largas caminatas y observar un frente de tormenta verdaderamente imponente.


Visitamos el Centro de Cultura Popular Domingos Vieira Filho, una antigua casa de varias plantas, con escaleras y pisos de madera en la que se exponen trajes, imágenes, maquetas y otros objetos utilizados en ceremonias y fiestas de las culturas africanas y sus fusiones con la indígena y la cristiana en este país.



Buey, protagonista de la famosa celebración regional Bumba Meu Boi.



















La guía nos dio una exhaustiva y cálida explicación en portugués, que aprovechamos como pudimos, y por lo que salimos un poco cansados por el esfuerzo de la compresión en otro idioma.

El domingo almorzamos en la playa y fue, literalmente, almorzar en la playa, ya que las mesas y sillas están en medio de la arena, los mozos de los bares (que se encuentran separados por una calle) van y vienen bajo el sol abrazador con la comida recorriendo una importante distancia cada vez. Como si esto fuese poco, también deben correr las mesas, sillas y parasoles cuando la marea sube. Realmente parece un trabajo agotador pero todos parecen hacerlo con gusto y muchas ganas.



También es llamativo que la mayoría de la gente baja con su automóvil a la costa, y lo estaciona al lado de su mesa. Como punto en contra, luego del almuerzo empezaron a llegar jóvenes con importantes parlantes en el baúl de sus autos, cada uno oía (o algo así) su música mezclada con la de los vecinos. Muchísimos decibeles producían un agobiante ruido, que chocaba con la paz que había hasta ese momento.

Una vez más, el pescado estaba delicioso, la cerveza helada y pudimos pagar con la tarjeta de débito: “¡todo bem!”. Además fue un día de mucho sol, en el medio de los anteriores donde llovía intermitentemente pero con mucha fuerza.

Para llegar a Sao Luis, uno de los días viajamos varias horas desde Belém a un promedio de 40 km por hora. Las lluvias, el tránsito y el mal estado de la ruta no permitían otra velocidad, por eso tardamos dos días en realizar los 806 km que separan una urbe de la otra.




La última noche nos fuimos a dormir donde termina la costanera, al lado de la playa, en el sector moderno de la isla.



Desde la casita

No hay comentarios:

Publicar un comentario