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¡Hola!

Este blog es un lugar, un lugar en movimiento para compartir.

Compartir los viajes, los paisajes, las vivencias, las alegrías, las reflexiones y, por qué no, las penas, que, esperamos, no sean muchas.

¿Por qué territorio? Porque es la tierra que nos aloja y es, también, el aire, el mundo material y simbólico, las ilusiones y herencias que también nos sostienen.

¿Por qué en movimiento? Porque, al movernos, lo cambiaremos y será cambiado. Por el paisaje, la gente, el camino, otros soles, nuevas lluvias; en este desafío de trasladarnos con nuestro territorio a largo plazo, en el tiempo y en el espacio.

¡Suban con nosotros y acompáñennos! ¡Pongámonos en movimiento!

Adriana y Nelson


20 oct 2012

Muisne I


Nos sorprendemos (un estado que se repite en este viaje), encontrar que Muisne está en una isla. La ruta que nos lleva desemboca al final de Muisne Nuevo, pero el pueblito original está en la orilla de enfrente, para cruzar hay que hacer uso de la “gabarra”, lo que llamamos ferry en Argentina.


Antes de cruzar, u$s 10 por la ida y vuelta (en un viajecito de poquísimos minutos), se nos acercan varios lugareños a ofrecernos un tour a ver camaroneras, manglar, y dejarnos en unas hermosas playas para pasear y poder comer en restaurants. Decimos que no a la oferta, entre u$s 30 y 40, y cruzamos.


Llegamos a Muisne para las fiestas de cantonización, es decir, la celebración de cambio de estatus político de la ciudad. Nos sorprendemos al caminar por la calle principal y ver docenas de puestitos de comida y de venta de ropa y calzado. Reaparecen los “jeans colombianos” y mil variedades de sandalias. Imitación de ropa deportiva de marca y vestimenta femenina.

Observamos un inmenso escenario, muchas luces y parlantes, nos dicen que esta noche hay “rockola”. Creemos que la rockola es esa máquina en la que uno pone monedas y elige el tema musical a escuchar. Bueno, aquí no es exactamente así.

Preguntamos a personal policial por donde estacionar y al minuto estamos hablando con un gentil comisario que nos ofrece parquear en el patio del municipio y poner a alguien a nuestra disposición para que mañana nos oficie de guía. Nos da vergüenza y no aceptamos el guía, si la locación. Aunque imaginamos que iba a ser bastante ruidosa, la Muni está enfrente al escenario. Nos quedamos cortos con la imaginación…


La Blanquita estacionada.

Estacionamos en el lugar para dormir y se presentan varias personas a saludarnos, una de ellas, Luis, se ofrece a acompañarnos a recorrer distintos lugares de la zona y aceptamos. Veníamos frustrados por no poder caminar senderos por la floresta húmeda y queríamos hacerlo.

La rockola consiste en que cada cantante lleva su música pregrabada y sólo el canto es en vivo. Vimos varios números, desde regatón a balada. Más adelante en la noche sube al escenario Roberto Calero. Todo un personaje, sube con dos guitarras y percusionista y entona canciones de su autoría, que ya son clásicos en Ecuador, entre tema y tema anécdotas y whisky. Sí whisky y lo pedía con poco rubor. Hay que aclarar que abajo del escenario el whisky con agua helada corría como el mate en Playa Unión un domingo a las cinco de la tarde.

Muy bueno el set de Calero, en el intermedio pasa el alcalde (¡!) repartiendo CDs con temas de tres de los intérpretes más reconocidos que habían actuado esa misma noche. Al pedirle uno para llevar a Argentina se sorprende y terminamos afortunados en el reparto.

Seguidamente comienza a grit…cantar una señora que hace que prefiramos arriesgarnos y tratar de dormir en la casita.

La noche es un pandemónium, no sólo la música del festejo (a eso estamos más que acostumbrados con las experiencias en Brasil y Perú), sino que el patio municipal es lugar donde, además de guardar maquinarias, permiten a los dueños de mototaxis, llamados tricitaxis aquí, guardarlos allí mismo. Por lo cual a cada rato se oían los golpes en el portón de chapa para reclamar a los guardias de seguridad que abran para sacar los vehículos…un calvario.

Nos levantamos al día siguiente, y decidimos no volver a dormir allí, recorrer las playas (sin mucho entusiasmo ya que el sol seguía sin aparecer), e irnos ese mismo día. Obviamente, no sucedió así.

Playa en la Isla de Muisne


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